AGUA: El elemento de la fluidez

Las cualidades de Agua son movimiento, fluir, conectar, cambiar, adaptabilidad, potencia y sentir. La expresión fundamental de agua es movimiento, y es incorporada en la técnica de entrar y salir, llegar e irse: vinyasa. El ámbito de agua es la pelvis, su fuente la bola o base de los dedos del pie, su medio los huesos, y su clave las articulaciones. Se cultiva y expresa aprendiendo a moverse suave y fluidamente al entrar, salir y entre asana. Se sustenta por medio de repetición, y se expresa en la sincronicidad entre aliento y movimiento corporal.
La aplicación superficial de agua es permitir completa pasividad en el sistema muscular, reduciendo asana a estiramiento. Al restar contracción muscular de la respuesta del cuerpo a la gravedad la carga que ésta está designada a llevar, es tomada por el tejido conjuntivo. Esto los expone a stress que viene a convertirse pronto en forzar y daño. Un daño que puede estar tan en incremento y enmascarado por la actividad de la endorfina y falta de atención, que es no reconocido o repudiado. El cuerpo así, cae más profundamente en sus desequilibrios estructurales y enmascara aún más su integridad inherente.
La aplicación sutil de agua es sincronizar el movimiento corporal con la respiración. Esto une cuerpo, aliento y mente, invitando a la respiración a soportar el movimiento y al movimiento a generar la respiración. Establecer agua requiere la utilización de sensibilidad, el indicio de su presencia es su opuesto, potencia. Sin vinyasa no seremos capaces de utilizar asana plenamente. Determina la cualidad de cualquier postura, y por tanto su eficacia, asegurando que está plenamente establecida, preparada y compensada. La quietud de la práctica de postura de yoga es determinada por sus movimientos contextualizadores: esto incluye suryanamaskar, vinyasa, y ullola. Todos ellos pueden ser usados para establecer y mantener suavidad en las articulaciones, y capacidad de respuesta en los músculos. Cuando las articulaciones no están completamente estables y libres, mantenerlo en quietud genera muy fácilmente tensión y dureza en el cuerpo, irritabilidad y rigidez en la mente. Antes de que la quietud pueda aportar su capacidad integradora, las articulaciones del cuerpo deben haber sido estabilizadas y movilizadas. Este proceso depende de sensibilizar al impacto del movimiento de las articulaciones y el esfuerzo muscular.
Usar el movimiento para establecer las partes del cuerpo en la relación más segura (sthiram) y cómoda (sukham) requiere que sintamos claramente lo que estamos haciendo. Solo cuando podemos sentir claramente los impactos de nuestras acciones y también las acciones previstas, podemos saber que hemos establecido la relación más nutritiva entre las partes del cuerpo.

Esta sensibilidad (ahimsa) es la base y fundamento indispensable para práctica eficaz. Es una habilidad de sentir las sensaciones siendo producidas como resultado de los movimientos y acciones. Estas sensaciones son las señales de la integridad celular funcionando a través del mecanismo dolor-placer. Si somos insensibles a estas señales, ningún conocimiento puede salvar la práctica del autoengaño. Si les somos sensibles disfrutaremos más y más apertura (asteya), generosidad (aparigraha), honestidad (satya) y presencia (brahmacharya) que son las señas irrevocables de sensibilidad profunda e intrínseca.

El camino de mi búsqueda interior ha estado muy estrechamente ligado con el mundo del deporte desde muy temprana edad. Voleibol en el colegio, patinaje, competiciones de baile, carreras de montaña, bicicleta de MTB, senderismo... Hoy en día sigo compitiendo, y además me he formado como monitora en diversas disciplinas como son el Pilates y el Yoga.

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